Sociedad de Hiperconsumo

Cuando decidí embarcarme en esta aventura, tenía muy claro que quería tocar temas candentes desde una perspectiva crítica. Y es que me apetece mucho hablar sobre la influenciabilidad de la sociedad por parte de los medios de comunicación en torno a las tendencias o modas actuales. A la hora de hablar de medios de comunicación me refiero a un espectro tan amplio que incluya los clásicos -tales como radio, televisión o prensa escrita- como los que considero contemporáneos, entre los que incluyo las redes sociales y los portales online.

En los tiempos que corren, las criaturas no nacen con un pan debajo del brazo, no, nacen con un aparato electrónico entre las manos. Ésto no sería un problema si las personas adultas fuéramos conscientes del verdadero uso que le damos a estos artilugios. A menudo no es el adecuado y, en realidad, es eso lo que los hace peligrosos, no el simple hecho de ser aparatos electrónicos. Teniendo en cuenta que aunque no seamos completamente culpables, eso no nos exime de culpa, por lo ya es hora de que nos paremos a pensar hacia dónde vamos.

En pleno S. XXI, es un hecho innegable que el capitalismo ha evolucionado de tal manera que lo tenemos camuflado en un sinfín de apartados de nuestra vida cotidiana. Curioso, llamativo y, sobre todo, extremadamente peligroso. Estamos llegando a unos puntos de consumismo en los que la sociedad no es consciente de lo que realmente está consumiendo -valga la redundancia. Y, de este modo y no de otro, malgastamos tiempo, el más preciado de los recursos de los que disponemos, tal y como dijo José Mújica.

José Mújica hablando sin pelos en la lengua sobre la vida

Cada año sale al mercado una nueva versión del smartphone flagship de cada compañía. Las estrellas de cine nos enseñan cómo tenemos que vestir. Los y las deportistas de élite son el espejo de los niños: les copian desde comportamientos hasta peinados. Influencers de los que nos morimos de envidia no sabemos muy bien por qué; rectifico, sí, seguramente porque no dan un palo al agua y, sin embargo, se llevan unos fajos de billetes bien fresquitos a sus arcas. La canción que suena en todos los pubs no se queda atrás, hablando de que tenemos que ser libres, que hagamos lo que nos plazca cueste lo que cueste, que engañemos a nuestra pareja, que nos dejemos llevar por el momento, que la vida son dos días, y me podría pasar días y días enumerando temas de fondo de las canciones.

Y lo más peliagudo: confundir libertades con derechos. Me refiero a lo que se nos está vendiendo últimamente como estandarte de la sociedad moderna, que las libertades de cada uno valen más que cualquier otra cosa. Y quiero que se me permita debatir sobre ésto, discutir y criticarlo.

Nos bombardean por todos los lados con mensajes venenosos sobre la vida en sí. Por un lado, me gustaría mencionar las frasecitas que tan de moda están en las redes sociales. Palabras que nos suelen decir cómo tenemos que llevar la vida, que cada mañana tenemos que levantarnos con una sonrisa en la cara, que haga lo que me de la maldita gana y hasta que no piense en las consecuencias. Llevo mucho tiempo irritado por estas conductas. La gente se debería de dar cuenta de que per se eso no significa libertad. A mi modo de ver, tengo que ser libre de levantarme un día y poder estar enojado. Una simple taza no debería decirme que hoy es un
fantástico día para tratar a la gente bien, cuando fuera está nevando.

Una de las frasecitasa las que hago referencia.

Por otro lado, y más peligroso si cabe, es que esos mismos mensajes se nos transmiten mediante ideas orales, escritas o mediante fotos o vídeos. No quiero criticar al movimiento feminista, porque creo, comprendo y comparto la idea subyacente del mismo. Más en concreto, hablo de las canciones que gracias a su ritmo pegadizo atraen a los oyentes, quienes repiten cuales loros sus letras. Y es ahí hasta donde quiero llegar, los mensajes que transmiten esas canciones. A menudo con comportamientos machistas, degradando el género femenino en favor de una masculinidad exaltada. Vamos, esas canciones respiran como si no les importara un bledo la situación en la que vivimos. Y me podréis permitir enlazaros a una web donde explica la mar de bien mi punto de vista. Chapeau. Leo las letras y me provocan náuseas. Desgraciadamente, al final, el mensaje cala entre las personas mentalmente más débiles, sobre todo en los jóvenes que, por si no lo sabéis aún, son los adultos del mañana.

Sociedad de hiperconsumo, capitalismo de lo inmaterial.

Me gustaría concluir exponiendo mi humilde opinión de lo que hoy en día está ocurriendo. Escuchamos el mensaje, pero no comprendemos su verdadero significado. Es sumamente trascendente saber leer entre líneas y, sobre todo, no quedarnos con lo superficial. Es cierto que la vida son dos días y que uno ya lo hemos pasado. Desgraciadamente, pocas personas entienden que por ello no deberías gastarte todo tu dinero mañana mismo. Quizás vivas más de dos días.

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