Lo (in)correcto

Muy a menudo, la vida nos pone ante una bifurcación a lo largo de nuestro camino. Lo correcto no podría existir sin lo incorrecto. Si existe el bien es porque hay mal. Como es arriba, es abajo. Eterna dualidad.

Lo correcto podría ser bastante subjetivo, sobre todo en función de quién lo observe. La razón absoluta es algo inexistente en nuestro mundo, se nos escapa. En mi opinión, lo correcto sería ejercer el libre albedrío con el mínimo número de errores posible. Reducción de riesgos, optimización de éxitos. Lo curioso de todo esto es que lo correcto se puede tornar incorrecto, y viceversa.

Dejadme explicarlo en otras palabras. El ser humano, desde aquel momento en el que comete el pecado original, está destinado a equivocarse. A equivocarnos. ¿Equivocarse acaso está mal? A priori, sí. Pero posteriormente, pensando en un lapso de tiempo más extenso, podría considerarse un aprendizaje y generar conocimiento, por lo que estaríamos canalizándolo en lo correcto.

Lo incorrecto, tan relativo como malinterpretado. Son días en los que se nos empuja a tomar decisiones equivocadas. Satán, ¿eres tú? El Yin y el Yan. O quizás los medios de (des)información. Lo correcto para unos, incorrecto para otros. Por ello, interpretable absolutamente.

A pesar de todo lo dicho anteriormente, si existe, es medible. Si es medible, es comparable y, consiguientemente, susceptible de poner en una escala. ¿Qué objetivo busco? Ninguno. Divago sin rumbo. Escribo a medida que pienso. Te invito a que me pongas una etiqueta. Te sugiero que definas. Al fin y al cabo, equivocarse es uno de los pasos necesarios para alcanzar el progreso. Pero no nos confundamos, esa equivocación no suele salir gratis, no, esa equivocación suele conllevar consecuencias. Consecuencias a modo de responsabilidad.

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